Los expertos anunciaron desde hace meses una ola de la pandemia del coronavirus en África, donde la pobreza, las carencias y deficiencias de las infraestructuras sanitarias hacen temer lo peor.

Desde el primer caso de coronavirus en el continente, el 14 de febrero en Egipto, los expertos pronosticaron un escenario aterrador. África podría ser rápidamente abrumada por la Covid-19 y un cataclismo sanitario. ¿Cómo se puede explicar esta relativa preservación?

Las cifras de positivos en el continente africano, más bajas que en el resto del mundo, se deben a que la pandemia ha llegado más tarde, pero la amenaza es similar.

África, el continente con uno de los sistemas de salud más frágiles del mundo, soporta una cuarta parte de la carga global de enfermedad. En cuanto a inversiones tangibles, la mayor parte del presupuesto de salud en los países africanos es destinado a productos médicos, el gasto en personal es del 14% y en infraestructura del 7%. Estas cifras están lejos de las de regiones con sistemas de salud más desarrollados, donde la inversión es mayor, tanto en la fuerza laboral (40%), como en infraestructura (33%).

A día de hoy, los casos de contagios en África ascienden a 52.175 afectados y 2.024 muertos. Se han restablecido de la enfermedad un total de 17. 819 curados. A la cabeza de los contagios están Sudáfrica, Egipto, Marruecos, Argelia, Nigeria, Ghana y Camerún. ¿Por qué África con sus 1.200 millones de habitantes parece escapar a la epidemia? Las preguntas parecen inevitables: ¿Se están haciendo test en África? ¿Son fiables? ¿Acaso se ocultan datos?

Las dudas persisten en muchos países africanos sobre el verdadero alcance de la epidemia. La primera hipótesis que la ciencia proporcionó fue la del “calor”, según la cual el virus no resistiría las altas temperaturas. Hay datos que parecen desmentir esta hipótesis. Es el caso de países del norte de Europa, como Suecia o Holanda, donde las temperaturas son más frías que en los cálidos países del sur, y pese a ello, presentan un número de casos menor, tanto en términos relativos como absolutos.

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Las cifras actuales de positivos en África, sensiblemente más bajas que en el resto del mundo, se deben a que la pandemia ha llegado más tarde. Pero la amenaza ahora ya es similar. Este retraso permitió a sus líderes adoptar medidas preventivas muy serias. Sudáfrica, Túnez, Senegal, Marruecos y Argelia han impuesto confinamientos y toques de queda antes de que la epidemia tuviera tiempo de propagarse.

Las medidas que han puesto en marcha estos países han consistido en la detección temprana del virus, el cierre o limitación del tráfico aéreo, así como el de fronteras. Se cerraron escuelas y universidades. Se cancelaron los eventos deportivos y se recomendó el cese de las celebraciones masivas, entre ellas las religiosas. Además, se han intensificado en la mayoría de países las campañas a de higiene personal.

Para entender el escaso contagio hay que tener en cuenta varios parámetros. En primer lugar, la baja densidad poblacional. Con 43 habitantes por kilómetro cuadrado, frente a 181 en Europa o 154 en Asia del sur, África sigue siendo un continente escasamente poblado en la mayoría de las regiones. Un 60% de la población vive en el área rural, donde la economía es de subsistencia. Esta baja densidad poblacional limita considerablemente los contactos y por lo tanto la transmisión del virus.

Por otro lado, destaca la baja circulación de personas. Contrariamente a la mayoría de los países europeos, muchas regiones de África están aisladas, alejadas y con poca población. Son prácticamente autosuficientes. Por lo tanto, el virus se propaga poco debido a la escasa circulación de la población. África es también mucho menos turística que Europa o Estados Unidos. De los 50 aeropuertos más frecuentados en el mundo, solo hay uno africano; el de Johannesburgo.

También es importante destacar la pirámide de envejecimiento del territorio. El continente africano destaca como el más joven del planeta, con una edad media de apenas 19 años. Aproximadamente el 60% de la población tiene menos de 25 años. El coronavirus golpea particularmente a las personas mayores: en España casi el 67% de las personas que han fallecido a causa del Covid-19 son mayores de 75 años. África tiene también una tasa muy baja de obesidad, que es un claro factor de riesgo en la mortalidad de este coronavirus.

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Por último, destaca una menor penetración de este tipo de virus en la población africana. Algunos médicos e investigadores observan una menor contaminación por coronavirus en los países más afectados por la malaria o la tuberculosis.

Los estudios se multiplican, pero la OMS mantiene aún muchas reservas sobre esta cuestión. Esta circunstancia explicaría un posible efecto protector de los tratamientos profilácticos, destinados a combatir la malaria, como es el caso de la cloroquina. Otro estudio plantea la hipótesis de que una serie vacunaciones sistemáticas llevadas a cabo en las últimas décadas, podría explicar la inmunización de la población.

El continente africano es un veterano en la lucha contra las pandemias. La experiencia de una epidemia como el ébola en África occidental ha preparado a las entidades gubernamentales y sobre todo a la sociedad civil, a afrontar esta situación.

Las buenas prácticas implementadas son muy útiles hoy en día. Por ejemplo, la detección temprana de este tipo de enfermedades, aislamiento de pacientes, precaución durante la atención sanitaria e higiene básica, como concienciar a la población a lavarse las manos.

A pesar de no haber sido pasto de una gran catástrofe a causa de la pandemia, África aún corre el riesgo de pagar un alto precio por la Covid-19. Además, como resultado del cierre de las fronteras y las medidas de confinamiento, se ha producido un encarecimiento de los productos primarios de alimentación, que puede abrir la puerta a otra crisis, incluso más letales que la que nos ocupa: las temidas hambrunas del continente negro.